Una Vida de Paralelos

Este es un cuento acerca de una vida, mi vida, que se inició hace tiempo, el 28 de agosto de 1955, en San Martín, Pcia. De Buenos Aires. Desde entonces, ha estado ligada al transporte público de pasajeros, como una amalgama que no puede deshacerse.

Creí bueno relacionar las distintas etapas de mi vida con el desarrollo del transporte, sea colectivo, subte o tren, variantes que no siempre se han llevado de la mejor manera.

Para un mejor análisis, lo he dividido según las que considero las distintas etapas vividas, hasta el presente.

Primera etapa: Desde la niñez hasta la escuela secundaria

Mi primer recuerdo se remonta a mis 5 años, en 1960, recuerdo, como si fuera hoy, los viajes que todos los meses hacíamos en familia hasta Bernal, en donde se encontraban estudiando mis tres primos varones, Agustín, Pepe y Juan, hijos de mis tíos Agustín y Paulina, en el colegio salesiano de la localidad.

El viaje, para mí toda una aventura, se iniciaba en la esquina de mi casa, Tres de Febrero y Félix Ballester. Papá Angel, Mamá Julia, hermana Cristina y un servidor, Luis, esperando el colectivo 6 (hoy 328) para llegar a la estación de San Martín. Ya entonces, mi particular visión me permitía identificar a los coches que nos llevarían a destino: algún Ford o Chevrolet de 11 asientos, y si la suerte nos acompañaba, tal vez aparecería algunos de los dos "raros" de la línea: los internos 4 o 13 (respectivamente Isotta Fraschini o Bedford OB (Inglés), dos "rara avis" entre los convencionales de entonces.

Uno de los viejos y primitivos "once asientos" de la línea 6, en este caso con chasis International Harvester. (Foto: Autor desconocido - Colección Aníbal F. Trasmonte)

Llegados a la estación, esperaríamos a los hermosos coches ingleses, ya sea de madera (British Thompson Houston, numerados de la serie 6500 o 6600), o de metal (Metropolitan Vickers, del MP 1 al 20 y del 91 al 109, o MS 36 a MS 90). Recuerdo un día en que, al llegar a la estación, en la vía secundaria sentí un poderoso motor que regulaba: era una ALCo RSD16, inmensa, poderosa… y que es lo único que perdura a casi 50 años de todo aquel muestrario de vehículos, sea colectivo o tren...

Ya instalados en el tren, desgranábamos las estaciones hasta Retiro, en donde abordábamos el subte "C" hasta Constitución, y allí embarcábamos en los Pinoteas del Roca, traccionados por las famosas "35", vaporeras del servicio local. Llegados a Bernal, caminábamos las 3 cuadras que nos separaban hasta el colegio, y pasábamos la tarde con mis primos, para volver al anochecer desandando el camino de ida.

Años y años pasaron y los colectivos llegaron y se fueron. Los chiquitos de segunda mano antes mencionados, dejaron paso a los nuevos Bedford y el plantel de la 6 se agrandó hasta alcanzar los 28 coches. Los había nuevos y usados, Bedford y Mercedes. Entre ellos, siempre el 4 daba la nota: ahora era un majestuoso 312 carrozado por El Indio, un colectivazo que duró hasta bien entrada la década del 70, cuando fue afrentosamente reemplazado por el viejo 35, un ya baqueteado 1112 carrozado por Barracas, al que su campaña en la línea había dejado huellas.

A pesar que a todos les gustaban los Mercedes, yo prefería los Bedford y había para elegir en la 6: eran mayoría los carrozados por Caseros (internos 3, 6, 14, 18, 19, 20, 21 y 22) y no eran todos iguales: el 6, el 18 y el 22 tenían, además de la luneta trasera, dos pequeñas en los parantes; en el 19 la luneta era antigua (partida al medio en dos paneles), el 21 la tenía de plexiglás verde y los números de identificación eran dos corazones en relieve con el número, pero mi preferido (aún hoy no sé porqué) era el 14.

Además, a pesar de ser de frente todos iguales, eran fácilmente reconocibles pues el chapón alrededor de los faros estaba en cada coche pintado de un color diferente; blanco, verde, azul, rojo, celeste o rosa.

Estaban también los "otros" Bedford: los internos 1 y 8 (El Detalle), 15, 24 y 25 (Alcorta) y dos Vaccaro de diferente diseño: 7 y 23, pero la "vedette" era el 9: Un Gnecco con frente curvado que vi repetido pocas veces: sólo en dos Mercedes de la 217 (26 y 40) y en un ignoto 204, ya muy baqueteado en 1970.

Solitarios, los internos 5 y 13: éste último, un sólido producto de Braje Hnos. Y el 5 un Bedford veterano de fines de los '50, carrozado por Uspallata. Intercalados, hacían sentir su presencia gallarda los Mercedes: al mencionado 4, podemos agregar al 12 y al 17 (312 cortitos y gemelos). Un buen día el vacante número 16 fue ocupado por algo por mí jamás visto: un amortizado Ford Thames carrozado por A.L.A. y venido vaya uno a saber de dónde, que duró poco y que fue reemplazado por un inmenso y ruidoso Mercedes Curvo L-3500 carrozado por "Sociedad Cooperativa de Provisión Gral. José de San Martín", que atronó por las calles de San Martín hasta 1968.

Como dije antes había un Alcorta, el 15, un Bedford de 1961, que un día de 1964 vio llegar a dos hermanos, los internos 24 y 25. Este fue el último Bedford que circuló en la línea junto con el 22, un Caseros que era muy bien cuidado por su dueño y que tuvo un injusto final en 1972, al incendiarse por completo.

Había cinco ejemplares raros, numerados 1, 2, 8, 10 y el 11: el 10 fue el último "sapo" que tuvo la 6, y era un espectáculo: Filetes, llantas y paragolpes cromados, cintas y diversos accesorios, y lo que era motivo de disgusto para los mayores: escape libre. Una preciosura, como diría Luis Landriscina. Como el 4, fue reemplazado por un mediocre Bedford carrozado por La Maravilla, que terminaría sus días en la pintoresca 58.

El 11, por su parte, era un mamotreto compuesto por un Ford de fines de los 50, carrozado por una carrocera ignota para mí, aunque podría tratarse de un Trébol modificado. El 2, era algo discordante: un Desoto carrozado por El Indio, cuya carrocería parecía lo único sólido. El 1 era un International de los llamados Televisores, y el 8, un 312 carrozado por la Porteña, y con una desprolija leyenda pintada en su culata: El elétrico (SIC). Ambos fueron reemplazados en 1964 por sendos Bedford carrozados por El Detalle.

El último capítulo de esta actualidad lo compusieron los internos 26 y 28 (Mercedes 312 - El Cóndor) y el 27, un Bedford carrozado por San Juan. Todos ellos acompañaron mi infancia hasta mediados de mi secundario, cuando desaparecieron en masa hacia 1971 o 1972: Eran los tiempos de 911, 1112 y los primeros 1114. Como no podía ser de otro modo, el primer 1114 fue mi preferido 14: carrozado por El Detalle en 1972.


El 12, un Mercedes Benz LO-312 ó 911 de 1964/65, fotografiado a inicios de la década de 1970 después de un accidente. (Foto: publicación desconocida. Colección Jorge Arcuri - Antonio A. De Luca).

Antes, los Bedford habían dejado lugar a un dudoso experimento: los 911 con trompa chata, a semejanza de los 1112. Recuerdo que no me gustaron, estaban carrozados por Caseros, y el resultado no fue para mí algo satisfactorio: eran los internos: 6, 13, 17, 18, 19 y 20. También hubo semifrontales 1112: el 16, carrozado por Caseros, pero, de todos los 1112, había dos que se destacaban: el 11, carrozado por La Estrella, el primer colectivo "grande" de la línea y el mejor de los mejores: el 5, un espectáculo sobre ruedas, rememorando al viejo 10 mencionado, carrozado por A.L.A., profusamente fileteado, con espejos esmerilados en el interior y con un escape roncador que no se vio más.

Por ese entonces mis preferencias pasaron del 14 al 24 y, con ello, mi admiración por las carrocerías Alcorta. El 24 era un producto excelente, como lo fue el mantenimiento que le dispensaban y junto con el 5 eran los exponentes de la línea. Rancho aparte hacía el 4, cuyas chapas que ya peinaban canas no ocultaban su porte: ganaba por presencia. En 1972 se produjo la aparición de 10 nuevos coches, que al no contar con la autorización para alargar el recorrido, que dormía en el Ministerio de Transportes de la Provincia, paseaban de acá y por allá, reemplazando a veces a los más viejos o cuando entraban a reparación general. Se trataba de 7 Mercedes Benz carrozados por Barracas (4 con chasis 1112, 2 con 911 y un único ejemplar de 1114), 1 Alcorta (1112), 1 El Cóndor (911) y un La Favorita (911). Este último fue el primero en debutar oficialmente, pero reemplazando en forma definitiva al 27.

Su número original asignado (30), fue cubierto por un 1114 carrozado por Biglia. Todos esos coches, hasta avanzado el año 1974, reemplazaron sucesivamente a los internos: 4, 7, 15 y 22. Y hasta aquí mi relación de entonces con la 6, ya sucesivamente 28 y 328: ya empezaba el secundario y aparecían en escena los coches de la 78 y la 343, que abarcarían mis cinco años en el Comercial de Villa Ballester.

Segunda etapa: Desde el Secundario, hasta mi primer trabajo, la facu y la colimba

Con la llegada del secundario, volví a tomar contacto con líneas que en mi niñez usaba en forma esporádica: la 8 y la 217, las que usábamos en casa (en ese entonces el teléfono era un lujo), para ir a visitar a parientes en la Capital o para rendir homenaje a mis abuelos maternos en el Cementerio de la Chacarita, como también a una pariente que vivía en Villa Luro.

Para llegar allí, tomábamos al sempiterno 6 hasta Tropezón y allí el 221 (luego 81) hasta Lope de Vega y Juan B. Justo. Así como la 6 tenía coches chicos y de segunda mano, los de la 8 y la 217 eran casi todos Mercedes o Bedford más grandes (o al menos así me parecía). Los choferes eran más serios e iban impecablemente uniformados de guardapolvo color caqui con cuellos y puños azules. Al llegar a Chacarita subíamos a los plateados y ruidosos Mack o bien a algún tranvía o trolebús, según la tía que visitábamos.Capítulo aparte lo merecen los Leyland de la 166, que muy de vez en cuando utilizábamos para ir hasta Primera Junta.

Bueno, ya sea por esa afinidad de la infancia o vaya uno a saber porqué, para ir hasta Ballester usaba el 8 (después 78). Y por supuesto que el registro visual también funcionó: la primera impresión fue que sus coches daban una imagen más de empresa que de familia y que no estaban tan profusamente identificados con el chofer, generalmente su dueño, como pasaba en la 6/328. Además, el uso más intensivo conspiraba para una duración más extensa de los coches, muchos denotaban ese uso, a veces abuso, al que eran sometidos.

Por otro lado, la cantidad de coches en circulación era mucho más numerosa que en la 6: la 78 acusaba 68 unidades, aunque en seguida me di cuenta que faltaba el 47; con el tiempo esa falta se amplió al 12, al 13, al 34, y otros más. Predominaban los Mercedes 312, pero también había Bedford, que demostraban no ser los más aptos para un servicio tan intenso, sobre todo en el verano. (¿Quién no recuerda al capot levantado y sujetado con una latita de aceite?).

Como en otras líneas había series de coches "hermanos", o sea incorporados al mismo tiempo y carrozados por las mismas carroceras: 16, 32, 46, 56, 57, 58, 60, 61, 63, 66 y 67 (Mercedes carrozados por Mitre); 3, 20, 25, 34, 44, 52, 53, 54 y 62 (Bedford con Caseros); 28, 31, 45, 48 y 64 (Mercedes vestidos por A.L.A.), por nombrar a las series más numerosas.

El 67, uno de los integrantes de la tanda de unidades carrozadas por Mitre, fotografiado ya como 78 (y no 8) cerca del fin de su vida útil. (Foto: Carlos Chamorro).

La tanda de Mercedes Benz L-312 carrozada en A.L.A. está representada en esta foto por el interno 45, fotografiado durante un viaje familiar. (Foto: Colección Marcelo Di Sanzo).

Había también extrañezas: el interno 4, por ejemplo, era un M.A.N. carrozado por El Cóndor (fue el que apareció en los catálogos de la firma), los internos 36 y 49 (Mercedes Benz de ignoto carrozado), el 39 y el 40, dos vetustos Mercedes de los 50, un Volvo con interno 41, el 27, un Bedford carrozado por El Gaucho (¡¿cómo habrá llegado acá?!), el 10 y el 21 (Garrafas 1112 carrozados por La Marina).

Raros exponentes: el 6 y el 51, dos 312 carrozados por Gnecco, versión Superamérica. El 13 era un ejemplar que fue poco visto: un Bedford carrozado por De Ridder, que duró poco. El 11 y el 12, gemelos, eran Mitre de chasis más corto que los demás. El 12 reemplazó a un 312 carrozado por FAC que luego pasó a la 237 como interno 15, y por informes de un señor amigazo, autoridad si las hay en el tema, terminó abandonado en una ruta a la Costa.

¡He aquí al viejo 12 de la 8, luego 15 de la 237! En el estado que lo vemos, original pero deplorable, sirvió como depósito de una gomería situada a la vera de la ruta provincial 36 en la localidad de Verónica. Son visibles restos de pintura de las dos prestatarias: el verde aturquesado de la 237 aparece en la culata, lo mismo que el rojo de la 78. También hay rastros de pintura negra en el techo, común an ambas líneas (Foto: Alejandro Scartaccini).

Un buen día, los internos 4 y 42 fueron reemplazados por dos Chanchitas Mercedes Benz O-321H, que duraron poco más de dos años, hasta ser reemplazados por los viejos 65 y 28 respectivamente. Y también entonces vinieron los reemplazos: comenzaron a aparecer 1112, 1114 y algunos 911, pero yo ya dejaba el secundario…

También es justo que mencione en esta segunda etapa al 343: salvador cuando perdía el 78 o cuando veía que alguna compañera de colegio que me suscitaba algún interés particular lo tomaba y me hacía traicionar la fidelidad al rojo amigo. El 343 era algo distinto: sin perder el aspecto "de barrio" ya denotaba su futuro de gran empresa.

Para empezar eran mayoría los 911 y 1112, casi todos carrozados por Luna o El Detalle. Bien cuidados, limpios, casi todos con escapes roncadores, marcaban la diferencia con los Bedford, carrozados sobre todo por Serra o Luna, muy estandarizados. Convivían con algunos de segunda y tercera mano, que eran pocos (5, 25, 69, 72, éste último carrozado por La Porteña y con numeradores... ¡de madera pintada!).

Uno de los Bedford carrozados por Luna de la 343, fotografiado junto a otros congéneres en un taller de chapa de y pintura. (Foto: 28244

A veces, cuando el sueño o el frío hacían prolongar la estancia entre sábanas, la salvación venía con el 217/87, que tenía el inconveniente que me dejaba del otro lado de la estación, pero igual permitía que la llegada tarde no fuera tan afrentosa: los coches eran un poquito más veteranos que los de la 78, pero también había cosas interesantes: dos 312 carrozados por San Andrés (53 y 54), varios 312 y Bedford carrozados por El Trébol (luneta de 3 divisiones, que me gustaban mucho), algunos 312 también de El Trébol, pero de los últimos modelos de esta carrocera, (55 al 58), dos Gnecco (26 y 40), y un grotesco Bedford carrozado por Magicor (el 38, muy feo).

También coexistía un hermano del 4 de la 328, otro hermoso (aunque no tan bien cuidado) 312 con El Indio: el 7. A la vuelta, aunque el 78 tenía preferencia, los días en que tenía gimnasia y venía hecho bolsa, volvía en el 204, que inició sus servicios entre Zárate y Av. San Martín y General Paz hacia 1970. Sus coches eran todo un muestrario: de todas las líneas, provincias y carrocerías habidas y por haber: muchos de Santiago Del Estero y Tucumán, alguno de Corrientes, otros de Santa Fe y... ¡hasta uno de Río Negro!.

Otro lote se adivinaba venido de la línea 60, como lo demostraba el color del techo tapado (no siempre) y reemplazado a las apuradas por el rojo de la 204, y con el crema de la 204 reemplazado por el amarillo de la 60. También había algunos de La Independencia (como lo delataban los asientos de respaldo más alto y algo reclinado), y en conjunto, muy pobremente mantenidos. Y acá se termina la segunda etapa: la tercera será el turno de mi primer trabajo (que duró 30 años) y de la Colimba. Promediaban los 70 y los 80 y 90 aparecían en el horizonte.

En esta toma, datada en 1977, se ve a uno de los 1114 carrozados hacia 1972 por El Detalle para la 328. (Foto: Luis A. Nessi).

Tercera Etapa: A trabajar y a cumplir con la patria

Mi primer trabajo (y único hasta el 2003) se inició en 1973, en la zona de Belgrano primero y Recoleta después. Para ir a Belgrano, lo más práctico (aunque no lo más rápido) era tomar el 161 ramal Martelli. El viaje era prolongado: 50 minutos, apretado como sardina en lata y casi nunca sentado.

Con el tiempo pude deducir quién bajaba siempre en el mismo sitio y así me ubicaba para el ansiado momento de sentar mis reales (recuerdo que a veces el susodicho/a se quedaba dormido/a y yo, discretamente, le pegaba un empujoncito cuando se acercaba a destino, el que a veces era frustrado por algún anciano o embarazada a los que gentilmente -en apariencia- les cedía gustoso el asiento -¡GRRR!-).
Aquí también se verificaba una realidad semejante al 343 en lo que respecta a vehículos, con la diferencia que los Bedford eran muy raros (Ejemplos: los internos 4, 24, 41, 65, 74, 99, 114, 116 y 117) y no muchos más. Los 911 y 1112 eran absoluta mayoría entre los 125 coches que circulaban: bien cuidados y, en el rubro carrocerías, muchos A.L.A., Luna, Biglia y algunos más raros, entre ellos carrozados por Suipacha, Quilmescarr, Berlingieri , El Trébol, La Carrocera del Sud y Braje, entre otras).

Dos de los escasos Bedford de la 161, fotografiados en la cabecera del Jardín Zoológico durante el escaso tiempo en el que la línea se identificó como 221. El más cercano fue carrozado por La Maravilla y detrás asoma un producto de Carrocerías Caseros. (Foto: Publicación desconocida).

Con el correr de los años reinaron los 1114, en su mayoría ALA y L.A.B.I.G.L.E.A. Al pasar a trabajar en Recoleta, el colectivo dio paso al tren (Mitre ramal Suárez), con combinación con el 101, el 108 o el luego desaparecido 82. El 101 con preeminencia absoluta de 911, 1112 ú 1114, carrozados en su mayoría por A.L.A., La Favorita y Alcorta, muy bien presentados. En cambio, el 108 no siempre tenía sus coches en buen estado y adolecía de faltantes. Aquí predominaban los productos de La Favorita, La Unión y Biglia.

El 82, en cambio era un precario servicio en donde recalaban coches venidos de hasta cuarta mano de todas las líneas posibles, con un esquema (de arriba abajo) negro, amarillo y verde con cierto tono azulado. A partir de 1980 desapareció. En mi paso por la Universidad de Buenos Aires (en donde a regañadientes y por presión familiar estudié Ciencias Económicas, 7 años = 15 materias, hasta el basta definitivo), la rutina pasaba de salir del trabajo y concurrir a 4 horas tediosas estudiando lo que me interesaba poco y me importaba menos. Al salir, la ida a Retiro para tomar el tren se remitía a los mencionados 82 y 101 y, en ocasiones, tomaba el 125 (cuando perdía los otros dos). El 125 se fue, en agosto de 1978.

Entonces la opción era: o el 101 o el subte con combinación en Diagonal Norte y de allí el eléctrico (el último salía a la 1.00). Al llegar a San Martín, el viejo y querido 328 me depositaba en casita, justo para recibir el saludo y la comida de mamá (el viejo dormía ya desde las 22). Con el tiempo el 328 tomó una poco simpática costumbre: arrancar ni bien llegaba el tren, con lo que nos dejaba a media hora del siguiente, porl o cual había que arreglárselas con los desvencijados 310 ó 670 (el 175 se descartaba ya que cobraba más, con la excusa de cambiar de sección en Plaza San Martín).

1976 trajo la novedad de mi incorporación al servicio militar. Aquí no hubo mayores opciones: el transporte al cuartel se hizo en los camiones 1114 doble tracción y en los inmensos REO que entonces tenía el ejército (¿cabe mencionar lo amable que fue la invitación para subir? ¡subir al camión, carrera marrr!). Después de 40 amenos días de instrucción fuimos autorizados a gozar de franco en nuestras casas y aquí se reinicia la relación hombre - bondi: la opción era copar por asalto al 57 o al 176.

Inmensos ómnibus de larga distancia y cara de pocos amigos (como la tarifa) en el 57 o resignada aceptación en el 176, con coches preparados para la ruta, 911 y 1114 carrozados en su mayoría por El Detalle y San Juan. En la 57: simples, falsos camellos, medios camellos, doble camellos, (y "matasanos" ya amortizados carrozados por EMSI o El Trébol).

Un clásico setentoso de la línea 176: Mercedes Benz Convencional con El Detalle, en este caso de 1969 ó 1970. Obsérvese el número intercambiable en la bandera (no olvidemos que en la época explotaba las líneas 231 y, efímeramente, la 66) y un aditamento de la época, el parasol de acrílico ubicado en la puerta, el cual generalmente se lo fileteaba y distinguía mediante una leyenda. (Foto: autor desconocido - Colección Sergio Paratore).

Por ese entonces y a causa de los ataques guerrilleros, el ejército camufló algunos de sus 1112 como transporte de personal civil y militar, que a ojos de un observador experto (¡ejem!), eran fácilmente detectables: por la zona oeste circulaba uno con los colores de Transporte Del Oeste, por la zona de San Miguel uno similar al 176 y a la capital iba y venía uno con los colores del 60. El tráfico interno entre cuarteles de Campo de Mayo lo hacía uno con los colores de La Independencia.

La identificación era así: los 1112 truchos no tenían puerta trasera y, si uno miraba por abajo, se veía la tracción 4x4. Recuerdo (hoy sonrío) lo dramático que era llegar en invierno a las 6 al cuartel, ya que el frío y la humedad hacían que la zona del Río Reconquista y la cloaca abierta del arroyo Morón convertían la zona en un remedo de Londres (Jack el destripador tomaba entonces la forma del suboficial de semana). Fueron 10 meses y 10 días que me hicieron comprender (tarde) cual hubiera sido mi verdadera vocación.

Como colofón de mi año militar, vino la renovación del plantel de la 57: de 86 coches pasó a 100, y los nuevos tomaron la forma de 1114 frontalizados, carrozados por Cametal, semejantes a los viejos Scania pero pequeños. Pero como engendros los hay en todas las líneas la 57 no fue la excepción: 5 coches (87 al 91), 3 carrozados por ALA como doble camello y 2 por Oncecar, realmente deleznables. Dos fueron justamente castigados por sendos incendios (87 y 91) y desaparecieron por mucho tiempo. Y aquí cerramos la etapa número 3.

Uno de los 1114 frontalizados y carrozados por Cametal. Cuesta creer que entre 1975 y 1976 se carrozaran unidades con este diseño, que ya "atrasaba" más de un lustro. (Foto: Aníbal F. Trasmonte).

Cuarta Etapa: Desde el matrimonio hasta hoy

Los '80 marcaron un cambio de rumbo muy grande: influyó en ello mucho el hecho de acceder a un nuevo grupo de amigos que me dio mi fe religiosa: a ella debo mi esposa, mis hijos y mi sentido de la vida.

Sin esa fe los hechos que me acontecieron desde el 2000 hasta el 2004 quizá hubieran tomado un cariz más dramático. Pero vayamos por partes: Comenzamos la década del 80 en el mismo trabajo y cumpliendo 3 años de novio con mi esposa por 26 años: ya superado el conflicto facultad, la que dejé aunque sin saber hacia donde seguir, mi vida de contacto con el transporte se simplificó al 328 hasta Est. San Martín, tren a Retiro y luego 7 cuadras a pata por la subida de Juncal.

En la época de noviazgo (1977 a 1982), volvía de mi trabajo con el tren hasta San Andrés y allí la visita a casa de mi novia, hasta las 22. Entonces, a casita, 78 mediante.

Cuando los kilitos de más de la vida de casado y la cocina de mi esposa lo decidieron, las 7 cuadras de caminata fueron reemplazadas por el 101 o el 108 (entonces el costo del pasaje era fácilmente sobrellevado, lejos estaban los días de viajar de colado en el tren por no alcanzar la plata o caminar hasta Retiro).

El 108 comenzaba una lenta espiral descendente: los San Miguel flamantes de fines de los '70 daban paso a frágiles Ford y posteriormente a Frontalitos venidos de Mar del Plata y de otros sitios (varios San Miguel, dos Supercar, algún Alcorta de la 37, y tres El Detalle). La 101 renovaba con Frontalitos (pocos) y muchos 1114/51. De vuelta, cuando el tren fallaba, tomaba el 57 en Santa Fe y Scalabrini Ortiz, habiendo dejado esta línea su característica: los ómnibus tipo larga distancia, para utilizar los poco prácticos (y frágiles) 1114 carrozados por D.I.C. (modelo Visión, 1, 15, 19, 27, 31, 34, 40, 41, 43, 44, 51, 52, 53, 54, 55), a la vez que incorporaba algunos 1214 carrozados por El Detalle de segunda mano (101 al 103) y un D.I.C. Panorama, el 58, venido de la Río de La Plata.

Uno de los Mercedes Benz OC-1214 (Frontalito, en la jerga) carrozados por El Detalle que llegaron usados a la 108. Este contaba con un plus de rareza: estaba carrozado sobre un chasis largo, de 5.10 metros entre ejes, y contaba con 24 asientos. (Foto: Osvaldo S. Abner).

Una aventura poco rendidora de la 57, los viajes a la costa, redundó en un refuerzo del servicio con 7 Mercedes Benz O-170 con aire acondicionado, que reemplazaron a otros coches ya decrépitos (1, 2, 17, 20, 24, 30 y 50). Otra opción era el subte desde Uruguay a Dorrego y de allí el 78 o el 176, estos últimos renovados cada 3 o 4 años, y ya "copados" por San Miguel, pero los 78 en pleno declive, incorporando de segunda mano 1114 o 1214 amortizados.

Con el tiempo, al mudarme a San Andrés, le dije adiós al 328 (salvo cuando iba de noche a ver a mis padres) y me pasé al 343, un verdadero lujo: coches que escasamente duraban 2 años antes de ser reemplazados, con profusión de luces, cortinillas ¡cámaras que enfocaban el descenso!, y menudencias varias. Toda esta vida pacífica duró hasta 1998. En el mes de abril mi padre (que me inculcó esta locura por los bondis, mis recuerdos de muy chico y anécdotas de las líneas 48 y 166 entre ellos), partió a reunirse con Dios y mis antepasados. Eso me golpeó mucho.

Además, como si ese hecho abriera la puerta a un mundo de noticias infaustas, el trabajo entró en crisis, disminuyó día a día. Eran cada vez más frecuentes los choques con el dueño, un inmigrante eslavo que veía la traición en todas partes; sólo el apoyo constante de mi querida esposa, hijos y amigos "de fierro" me hacía seguir adelante. Todo esto duró hasta el 2003, que me vio sin empleo y desanimado.

Los amigos que hice en los '70 y los '80 me permitieron seguir adelante y hoy, en 2009, me veo en mi nuevo hogar y trabajo, en mi querido San Andrés, compartiendo "ruta" con un viejo conocido: el 161. Renovado, otra empresa, otros internos, menos coches (de 125 a 100) y otros colores, pero el recorrido y apretujones de siempre.

Otro viejo y querido conocido: el tren del ex Mitre que me lleva al trabajo todas las mañanas, hoy renovado con aire acondicionado y frecuencias confiables; el subte, que me deja llegar al hogar de mi mamá, en el querido y glorioso Boedo, para recibir sus besos y recuerdos con sus casi 89 años a cuestas.

De más está decir que cuando voy en domingo desde Retiro obvio el subte y me subo con placer al 5 o al 132 (¡hasta tiene coches articulados esta bestia!) pero, si todo tiempo pasado fue mejor como dice el filósofo (y así lo creo), esta monofacética presencia de 1115, 1315 y Agrale carrozados por Metalpar, Todo Bus o Ugarte, no me llega a "llenar" como los Sapos, Bedford, 312 y demás Mercedes. Crece en mí la añoranza, al no ver ya a los emblemáticos El Indio, Alcorta, A.L.A. y demás.

Hasta aquí un breve "racconto" de mi vida a través del neumático, el riel y todo el transporte, como dos paralelas que (herejía matemática mediante), se unen en una sola cosa: la vida de un simple habitante de estas tierras benditas de la mano de Dios.

Luis Alberto Nessi

Inicios de 2009 - Redactado y corregido en agosto de 2009

 

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